Veo veo, ¿qué ves?, una aberración más que termina por la –e.
(Definitivamente, sólo queda batirse).
Vamos ahora con el nuevo esnobismo de aquellos que creen que la lengua se cambia porque a cuatro les da la gana y, por supuesto, con toda probabilidad, si no piensas como ellos, serás un facha, como hoy día somos la inmensa mayoría.
Resulta que ahora a activistas del colectivo transexual, la t de los elegetebés, se les ha ocurrido que para no discriminar a nadie, no basta con el absurdo de desdoblar el género, que ellos lo ven absurdo porque al convertirse en algo binario no refleja todas las identidades sexuales, conviene triturarlo, de modo que cualquier inclinación sexual se vea representada en la flexión gramatical del género. La estupidez, ignorancia y majadería alcanza ya alturas estratosféricas.
Nos habíamos quedado a nivel litosfera pero siempre se puede pedir más. Ya no cabe un tonto más en este devenir de buenísmos y activistas del sinfuste, y me refiero al abuso de la lengua, con todo el respeto a la identidad o inclinación sexual de cada cual.
Ocurre pues que si ya me duermo cuando alguien empieza con “queridos compañeros y queridas compañeras”, aunque no haga lo mismo cuando empieza con “queridas camaradas o queridos indígenas”, que no sé por qué excluye a camarados e indígenos, bueno sí lo sé pero eso lo dejo para otra historia, digo que ocurre que ahora lo correcto debe ser algo así:
“Queridas amigas, querides amigues y queridos amigos”
Bueno, mejor aún, si vivimos en una tierra con lengua cooficial o dialecto venido arriba, habrá que hacer las seis variantes, primero las tres locales que entienden los autóctonos y después las tres que entienden todos.
De este modo, cuando lleguen a la sexta, el aquí firmante está ya sumido en sus cavilaciones y no va a prestar ningún interés porque ya ha presentado sus credenciales el emisor de la comunicación.
No voy a ahondar en criterios filológicos. Hay infinidad de voces mucho más acreditadas que yo y artículos que sirven para saber por qué el masculino es el género no marcado y el femenino sí, sólo unas notas históricas y otra sociológica.
Como he dicho, género no es sexo, ni físico ni psicológico. Género es una flexión morfológica de las palabras que sirve para comunicarnos mejor. La lengua, como herramienta del lenguaje humano, busca ser concisa, clara y concreta. Su función vital, su genética es comunicar. Otra cosa es utilizarla torticeramente, confundiendo y distorsionándola para pervertirla, prostituirla y convertirla en lo que no es.
El término anglosajón “gender”, objeto de la mayoría de confusiones, lo adquirieron los ingleses puritanos para evitar la palabra sex, que era tabú. Nosotros después, lo importamos creando la confusión con nuestro género. Así que, para empezar, el uso de género por sexo es un vicio puritano, que lo sepan algunos activistas.
Pero no se vayan todavía, aún hay más. En latín existían tres géneros gramaticales: masculino, femenino y neutro. Por poner un ejemplo, cuando hablamos de lo malo o lo bueno estamos utilizando género neutro que, como es lógico, por analogía y economía del lenguaje se asimila con el masculino. Por eso el masculino no está marcado y puede utilizarse como genérico o inclusivo, mientras el género femenino, cuando designa seres sexuados, (recordad que la luna no tiene vagina y el sol no tiene pene, o al menos, yo no se los he visto), entonces si es exclusivo y no puede ser utilizado como genérico.
Si después de la confusión y la inoportuna importación de la palabra género del inglés, hubiéramos cambiado nuestro género por flexión en –o, flexión en –a; también podría haberse nombrado al género masculino como “género genérico o género no marcado” y quizá perdiendo el apellido masculino, a los que no pasaron de Platero y Yo les habría supuesto menos traumática esa coincidencia género – sexo.
Comentados estos aspectos teóricos, me quedaba la reflexión sociológica. Algunos hemos defendido el uso del masculino inclusivo, lo seguimos y seguiremos haciendo desde el postulado filológico y del sentido común. No obstante, no hace falta ser sociólogo para ver que el abuso va siendo parcelado y es proporcional en función del espectro político en que uno se sitúe. Cuanto más radical a la izquierda, mayor abuso y desorden lingüístico. Esto debe tener mucho que ver con la capacidad conceptista de creerse capaz de crear mundos a partir de la lengua.
En cualquier caso, se pasará este esnobismo y veremos que la lengua, como ha ocurrido a lo largo de la historia, tiene sus propias leyes y estas no obedecen a convencionalismos o a la voluntad de unos cuantos, sino a la mayor o menor posibilidad de comunicar. O lo que es lo mismo, es un postureo pensar que se es más ecuánime, integrador o progre, retorciendo el lenguaje.
Vale mucho más ser activista con los hechos, con la ley que con un estilo de discurso que consigue justo lo contrario que pretende.
Pero bueno, lo dejo por hoy. Por supuesto que, tal y como está el patio, que un grupúsculo de personas que llaman facha a todos los que no piensan como ellos y que son la mayoría, menuda paradoja, el que me puedan catalogar como tal comienza a ser un halago viniendo de ellos. Pero es que además nunca lo he hecho por otros criterios que no sean filológicos y de defensa de nuestra querida lengua española, vehículo de comunicación de 500 millones de personas.
Si a estas alturas quieren que añada la –e al conjunto de destrozos de la lengua que quieren imponer estos colectivos, que además no sé por qué no es la –i si la –e en plural va a parecerles falocéntrica también. Bueno digo que si esperan a que yo introduzca doblar o, en este caso, triturar el género... pueden esperarme “sentades”.