domingo, 15 de julio de 2018

Mi comentario a “La memoria de la lavanda” de Reyes Monforte


Se trata de una historia de pérdida, de superación, de salir adelante, del valor de la amistad en los momentos difíciles, pero una historia de pérdida.

Está tremendamente bien escrita, conjugando sentimientos con paisajes, con olores, con sonidos. 

El recurso a la fotografía capaz de captar lo que no se ve es.brillante.

Con descripciones de sentimientos y presentimientos sublimes, esta novela, no exenta de un componente de suspense, atrapa como ese sitio en el que pese al desasosiego, lo sientes como propio.

domingo, 8 de julio de 2018

“TODES” ¡Hay que joderse!

Cuando algo parece discurrir por el buen camino de la normalización y todos quieren soplar, bajo sus propias perspectivas y sin coacciones e imposiciones para lograrlo, siempre aparece alguien, y generalmente del espectro podemita, que cree que ha inventado la pólvora y que nada vale salvo lo que ellos impongan.

Entonces, con la osadía que sólo da la ignorancia estratosférica, se lanza a atropellar normas y buenos usos que nada tienen que ver con la igualdad.


Aunque lo he puesto muchas veces, una más porque, lejos de pensar que la batalla está perdida, estas cosas me hacen mucho más fuerte en mis convicciones.


A ver, Carmena, “ignoranta devota” el género no es el sexo. Las personas no tienen género y las palabras no tienen sexo. ¡Qué pereza ya. #everythingbutapodemita!


Lo correcto cuando se habla de personas es sexo, sea cual sea la orientación sexual de los individuos, además, sexos en los humanos hay dos, con independencia de la identidad de cada cual. Lo que no tienen las personas es género, el sexo es parte de su anatomía y de su entidad, de su psique, el género es un concepto gramatical. Conviene recordar por qué lo están confundiendo.


Género es un calco del inglés “gender” y esta palabra surgió durante el puritanismo victoriano inglés como un eufemismo para no tener que decir la palabra tabú sex. Es decir, como decir sexo era poco menos que un pecado, los británicos escogieron como sinónimo una palabra que no tuviera connotaciones sexuales.


Ahora que vamos abriendo ventanas a la normalidad y la libertad, nos acogemos a un término que surgió por miedo a llamar a las cosas por su nombr, la primera en la frente. El género es un concepto gramatical. El masculino suele ponerse, cuando hay seres vivos sexuados, para indicar a la especie de los machos y el femenino para designar a la especie de las hembras. Pero no siempre es así. El lenguaje, sabio y no viciado de complejos, prevé la economía y la concisión para favorecer la comunicación, cosa de la que se olvidan los políticos, que vendidos al postureo, conciben discursos dantescos imposibles de seguir. En algunas lenguas del mundo, y curiosamente en algunas en cuya sociedad la mujer es víctima de abusos y hasta de mutilaciones, y los gays y lesbianas, de lapidaciones, se utiliza el género femenino como genérico, es decir, no marcado por el significado de ser sexuado femenino, sino que designa a ambos sexos para favorecer la concisión y por tanto la información.

En el caso de las lenguas romance, aquellas que proceden del latín, el género no marcado y que por lo tanto puede designar a seres sexuados machos o hembras es el masculino. Si no fuéramos tan posturistas, nadie apreciaría sexismo en el uso del género masculino como genérico o inclusivo. Porque, a poco que uno emplee el sentido común, verá que género y sexo son cosas muy diferentes.

El problema es que al tratar de utilizar un término gramatical en algo que le es ajeno, pues se fastidia el invento. Y como ya ocurriera con el comunismo soviético, algunos pretenden hasta intervenir el idioma, ya puestos a intervenir.


Si en lugar de la palabra género, calco del inglés gender, hubiésemos optado por otra palabra como, por ejemplo, “botijo, otro gallo habría cantado. Pues “botijo” no tendría la servidumbre de ser un concepto que suele referirse a lo que cada cual siente o tiene entre las piernas. Entonces se hablaría de igualdad de botijo, se lucharía contra la violencia de botijo y se  dejaría al género tranquilo en su parcela y no habría alcaldesas con ese nivel de confusión y paranoia.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

QUINTO TRIENIO (romance desordenado)


CUMPLIMOS CINCO TRIENIOS (ROMANCE DESORDENADO)

Quince, la niña bonita, y a fe mía que es así
Quince años desde que perpetramos nuestro casamiento 
Y más que nunca te quiero, más y mucho mejor 4
Y es que no hay color, como ya decía Suetonio 
Entre el enchochamiento y el verdadero amor 
Y éste, con María, ha sido el fruto del matrimonio.

Pero ya me he puesto merengón
No sé, quizá a la espera de un premio
Espero que este ripio ramplón
No sólo sea verso hecho con apremio
Porque no siempre que llega esta ocasión 
Cumplimos el quinto trienio 
Y digo yo que como premio 
Me he ganado un buen revolcón

Ganas tenemos de que llegue Año Nuevo
Que a la fuerza tiene que ser mejor
Porque la suerte que este año tenemos
Ha de mejorar el que viene, fijo 
Y es que en 2017, a poco que pensemos, 
Si me caigo de espaldas, me parto el pijo

Comenzó con el error de Hacienda 
Que no fue mío 
Y que nos casi nos cuesta multa
Sin darse cuenta Hacienda que este tío  
Que es legal y leal, ni esconde ni oculta, 
Pero no vio la casilla, que es un lío
Y ni siquiera consulta
Si fue un problema visual

Siguió con lo de mi primo el conseller
A quien no llamaré lo que pienso porque se chivan 
Que en su empeño por imponer 
Antepone su sueño, su delirio y su diatriba
A lo que es causa social, de justicia y razón 
Impidiendo que una profesora de inglés 
Instruya en la lengua de Albión 
Con un argumento tan estúpido y vano 
Que aún siendo funcionaria de otra región 
Requiere por sus webs el título de valenciano 
Entendiéndose entre español e inglés.
Casi la totalidad del género humano.

Oh, oh, ya salió el género, aunque sea con esta acepción 
No voy a entrar en eso que me despacho
Pero para algunos que razonan igual que un melón 
Ya "nosotros" les lía y parece cosa de macho
Le arrancan a la a, lo que a la o le implantan, en su sinrazón 
Sería más ecuánime decir nosotris
y si algún día opero a la o del rabito,  nosotres.
Como digo no entro, que se me indignan los zotes
Y me hacen desconfiar hasta de mi pubis
Y, con todo, termino el poema después
Como un romance del absurdo que iguala
Lo que alguno tiene en la cabeza, en el envés 
Y lo que por la boca nos regala

Bueno, al caso que nos ocupa
Que quince años, cinco trienios son
Que un puñao de gente, afines a okupas
Adoctrinados y engañados hasta la paranoia
Por el furtivo Puigdemón 
Ya me tienen hasta el apellido, Moya
Pero no me distraen de lo que importa 
Lo que me pide el corazón 
Porque lo demás se soporta 
Con alguna Estrellica de Levante 
Con perros, gato y leyendo con pasión 
Y de cuando en cuando..., o bastante

Este amor es leal, disciplinado y espontáneo
Si tú fueras una líder sectaria 
Yo me haría portero en tu secta
Soy incondicional de ti, extemporáneo
Y más cansino que ver un "rufián" en la Sexta

Tras tres lustros, no me canso
Uno es la carne, el otro la uña
Esto es muy cierto, no hago el ganso
Como de Murcia es Sierra Espuña
Y de España, Cataluña

Y como no hay quinto malo,
Aunque no he sabido nunca si la expresión 
Es taurina, militar o sexual 
Pero a una edad, lo último suena fanfarrón 
La adapto a mi cuenta trienal 
Y prometo dar mi mejor versión 
Para en el trienio que viene 
Seguir siendo, si tu quieres,
El segundo de tu corazón
O el cuarto, si a las mascotas te avienes

Y lo digo con sumo cuidado, 
Pues hasta decir mi mujer es mal mirado 
Por posesivo, machista e inadecuado 

Pues hoy en día es castigado
Por algunos imbéciles y gente idiota
Que te sientas parte de otros, honrado
Que te sientas español, más que la sota
Y si piensas distinto a esos
Que imponen lo que debes pensar
Resulta que eres fascista, reaccionario y demás

Pero entierro ya mi hacha
Pues acabo de descubrir con orgullo
Que si eres mía y yo tuyo
No soy normal, soy un facha.
Y eso me importa un...

Y como me importa lo justo
Que estos me llamen facha
De hecho viniendo de ellos,
Es alago y no insulto  
Al menos me doy el gusto 
De que tú me llames, sin recomello
mi marido enamorado, ¡acha!

FELIZ ANIVERSARIO.

domingo, 29 de octubre de 2017

ESPÉRENME SENTADES



Veo veo, ¿qué ves?, una aberración más que termina por la –e.
(Definitivamente, sólo queda batirse).
 
Vamos ahora con el nuevo esnobismo de aquellos que creen que la lengua se cambia porque a cuatro les da la gana y, por supuesto, con toda probabilidad, si no piensas como ellos, serás un facha, como hoy día somos la inmensa mayoría.
Resulta que ahora a activistas del colectivo transexual, la t de los elegetebés, se les ha ocurrido que para no discriminar a nadie, no basta con el absurdo de desdoblar el género, que ellos lo ven absurdo porque al convertirse en algo binario no refleja todas las identidades sexuales, conviene triturarlo, de modo que cualquier inclinación sexual se vea representada en la flexión gramatical del género. La estupidez, ignorancia y majadería alcanza ya alturas estratosféricas.
Nos habíamos quedado a nivel litosfera pero siempre se puede pedir más. Ya no cabe un tonto más en este devenir de buenísmos y activistas del sinfuste, y me refiero al abuso de la lengua, con todo el respeto a la identidad o inclinación sexual de cada cual.
Ocurre pues que si ya me duermo cuando alguien empieza con “queridos compañeros y queridas compañeras”, aunque no haga lo mismo cuando empieza con “queridas camaradas o queridos indígenas”, que no sé por qué excluye a camarados e indígenos, bueno sí lo sé pero eso lo dejo para otra historia, digo que ocurre que ahora lo correcto debe ser algo así:
“Queridas amigas, querides amigues y queridos  amigos”
Bueno, mejor aún, si vivimos en una tierra con lengua cooficial o dialecto venido arriba, habrá que hacer las seis variantes, primero las tres locales que entienden los autóctonos y después las tres que entienden todos.
De este modo, cuando lleguen a la sexta, el aquí firmante está ya sumido en sus cavilaciones y no va a prestar ningún interés porque ya ha presentado sus credenciales el emisor de la comunicación.
No voy a ahondar en criterios filológicos. Hay infinidad de voces mucho más acreditadas que yo y artículos que sirven para saber por qué el masculino es el género no marcado y el femenino sí, sólo unas notas históricas y otra sociológica.
Como he dicho, género no es sexo, ni físico ni psicológico. Género es una flexión morfológica de las palabras que sirve para comunicarnos mejor. La lengua, como herramienta del lenguaje humano, busca ser concisa, clara y concreta. Su función vital, su genética es comunicar. Otra cosa es utilizarla torticeramente, confundiendo y distorsionándola para pervertirla, prostituirla y convertirla en lo que no es.
El término anglosajón “gender”, objeto de la mayoría de confusiones, lo adquirieron los ingleses puritanos para evitar la palabra sex, que era tabú. Nosotros después, lo importamos creando la confusión con nuestro género. Así que, para empezar, el uso de género por sexo es un vicio puritano, que lo sepan algunos activistas.
Pero no se vayan todavía, aún hay más. En latín existían tres géneros gramaticales: masculino, femenino y neutro. Por poner un ejemplo, cuando hablamos de lo malo o lo bueno estamos utilizando género neutro que, como es lógico, por analogía y economía del lenguaje se asimila con el masculino. Por eso el masculino no está marcado y puede utilizarse como genérico o inclusivo, mientras el género femenino, cuando designa seres sexuados, (recordad que la luna no tiene vagina y el sol no tiene pene, o al menos, yo no se los he visto), entonces si es exclusivo y no puede ser utilizado como genérico.
Si después de la confusión y la inoportuna importación de la palabra género del inglés, hubiéramos cambiado nuestro género por flexión en –o, flexión en –a; también podría haberse nombrado al género masculino como “género genérico o género no marcado” y quizá perdiendo el apellido masculino, a los que no pasaron de Platero y Yo les habría supuesto menos traumática esa coincidencia género – sexo.
Comentados estos aspectos teóricos, me quedaba la reflexión sociológica.  Algunos hemos defendido el uso del masculino inclusivo, lo seguimos y seguiremos haciendo desde el postulado filológico y del sentido común. No obstante, no hace falta ser sociólogo para ver que el abuso va siendo parcelado y es proporcional en función del espectro político en que uno se sitúe. Cuanto más radical a la izquierda, mayor abuso y desorden lingüístico. Esto debe tener mucho que ver con la capacidad conceptista de creerse capaz de crear mundos a partir de la lengua.
En cualquier caso, se pasará este esnobismo y veremos que la lengua, como ha ocurrido a lo largo de la historia, tiene sus propias leyes y estas no obedecen a convencionalismos o a la voluntad de unos cuantos, sino a la mayor o menor posibilidad de comunicar. O lo que es lo mismo, es un postureo pensar que se es más ecuánime, integrador o progre, retorciendo el lenguaje.
Vale mucho más ser activista con los hechos, con la ley que con un estilo de discurso que consigue justo lo contrario que pretende.
Pero bueno, lo dejo por hoy. Por supuesto que, tal y como está el patio, que un grupúsculo de personas que llaman facha a todos los que no piensan como ellos y que son la mayoría, menuda paradoja, el que me puedan catalogar como tal comienza a ser un halago viniendo de ellos. Pero es que además nunca lo he hecho por otros criterios que no sean filológicos y de defensa de nuestra querida lengua española, vehículo de comunicación de 500 millones de personas.
 
Si  a estas alturas quieren que añada la –e al conjunto de destrozos de la lengua que quieren imponer estos colectivos, que además no sé por qué no es la –i si la –e en plural va a parecerles falocéntrica también. Bueno digo que si esperan a que yo introduzca doblar o, en este caso, triturar el género... pueden esperarme “sentades”.